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    <title>La Opinión Semanario</title>
    <subtitle>Toda la información sobre política, deportes y economía. Notas exclusivas. Toda la actualidad. 24 hs online</subtitle>
    <updated>2026-04-26T22:05:05+00:00</updated>
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            La inundación de 1966: el desastre que quedó grabado en la historia de San Pedro
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/s8x-KM178b4XCGeJvZDrsS2NNnM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://opinionsemanariocdn.eleco.com.ar/media/2026/04/creciente1966.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>El 3 de abril de 1966 quedó grabado como uno de los momentos más dramáticos en la historia de San Pedro. La crecida extraordinaria del río Paraná había llegado a su pico máximo. A las 10 de la mañana el hidrómetro del puerto local registró 5,08 metros, siendo esta por entonces, la marca máxima del Siglo XX (después superada por la de 1983).</p><p>Fue una inundación sin precedentes que afectó la zona ribereña, alterando la vida cotidiana de toda la comunidad, y también la depresión del bañado del río Arrecifes y el arroyo El Tala.</p><p>La reconstrucción de la época, que quedó plasmada en el recuerdo de todos, las fotos de familia y en la revista “Así”, de la editorial de Crónica, indica que el agua avanzó de manera sostenida hasta alcanzar niveles críticos.</p>El tinglado de la confitería del balneario con el agua hasta el techo. Al fondo, la Aduana. A la derecha la portada de la revista “Así”.<p>El balneario, aquella porción ilustre de la costa sampedrina de nuestro pasado sobre el otrora espejo de agua que fue la laguna, tenía un bar-confitería que funcionaba en el interior de un tinglado de grandes proporciones. Una de las fotos ilustró el nivel del río a pocos centímetros del techo y del caño superior que sostenía un juego de hamacas.</p><p>Barrios costeros quedaron bajo agua, obligando a cientos de familias a abandonar sus hogares y trasladarse a zonas más altas o centros de evacuados.</p><p>Pero hubo resistencia. Se recuerda que Agenor Almada se negó a salir de su casa. La Prefectura le había avisado en tres ocasiones para que se sumara a los casi 250 evacuados. En cambio, el “Yacaré del Paraná” se quedó, pero un día se despertó con el agua en su vivienda.</p><p>“La única forma de vencerlo a Agenor es por sorpresa y a traición, como le jugó el río”, fue uno de los testimonios de la época.</p><p>Es que a Agenor nada lo asustaba. Estaba acostumbrado a los grandes desafíos. Poco tiempo antes había tenido retos más notables, como uno de los intentos de unir a nado Rosario con Buenos Aires.</p><p>Otras voces reflejaron la angustia y la incertidumbre de aquellos días. “El Paraná no nos asusta, estamos acostumbrados a sus crecidas, pero esta vez fue distinto”, relataban los vecinos, sorprendidos por la magnitud del fenómeno. En muchos casos, el agua ingresó con rapidez, dejando escaso margen de reacción.</p>La Ruta 9 a la altura del río Arrecifes y el arroyo El Tala. Habían conformado taludes de tierra para contener el agua (Foto: Revista Así)&nbsp;<p>Las crónicas también dan cuenta de historias personales que reflejan el impacto humano de la creciente: familias separadas momentáneamente, pérdidas materiales significativas y el esfuerzo colectivo por salir adelante en medio de la emergencia.</p><p>El operativo de evacuación se desplegó contrarreloj. Embarcaciones y vehículos fueron utilizados para rescatar a familias aisladas, mientras que instituciones locales se organizaron para brindar asistencia. Escuelas y clubes funcionaron como centros de contención para los damnificados.</p><p>A pesar del drama, la comunidad logró reorganizarse con el correr de los días, mostrando una fuerte solidaridad entre vecinos. La bajante del río trajo alivio, pero dejó al descubierto los daños y la necesidad de una reconstrucción.</p><p>El desborde del Arrecifes y El Tala llegó a cubrir los campos linderos, que también sufrieron graves consecuencias.</p><p>Una de las fotos ilustrativas de “Así” fue el tramo de la Ruta 9 en esta zona. No existía la autopista. Para evitar que el agua inunde la calzada, se construyeron taludes de tierra en lo que era un verdadero corredor en medio de la desolación, evidenciando la dimensión del desastre.</p><p>Algo similar ocurrió con el Ferrocarril Mitre. Las formaciones atravesaban los puentes lentamente y por las ventanillas se observaba la marejada que se forzaba por elevarse sobre las vías.</p><p>Hoy, a más de medio siglo, la inundación del 66 sigue siendo un punto de referencia obligado en la memoria local, solo superada por la máxima que se tiene registro por el momento, la de 1983.</p><p>Las imágenes y relatos de aquella época no solo documentan un fenómeno natural extremo, sino también la resiliencia de una comunidad que supo sobreponerse a uno de sus mayores desafíos.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/s8x-KM178b4XCGeJvZDrsS2NNnM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://opinionsemanariocdn.eleco.com.ar/media/2026/04/creciente1966.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>A seis décadas, se recuerda la histórica crecida del Paraná que anegó barrios costeros. El efecto de la creciente obligó a evacuaciones y dejó postales imborrables en la memoria colectiva. También hubo un medio que ilustró el fenómeno.]]>
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                <published>2026-04-26T22:00:51+00:00</published>
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            Así es el espectáculo “La revista está en el Siripo”
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/E4zGzyvJ7GXPKdmfDPrmg3KHjvY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://opinionsemanariocdn.eleco.com.ar/media/2023/01/20230122_230232-scaled.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>
<p>La apuesta fue grande: crear la primera revista sampedrina para que, durante todo el verano, el teatro municipal Siripo tuviera temporada, como las grandes salas del país. Mariano Lanfranconi, Sol Altolaguirre y Enrique Ferroni producen la obra que cada viernes y domingos tiene función por la noche en la esquina de Salta y Oliveira Cézar. </p>



<p>Este domingo, a sala llena, los espectadores disfrutaron de los cuadros preparados especialmente para la ocasión, con Sol Altolaguirre como la vedette que sobre sus espaldas no sólo carga más de 30 años en la danza, sino también haber formado a las bailarinas que la acompañan, entre ellas, su hija Reina. </p>



<p>&#8220;Me encanta el hecho de poder cumplir un sueño. Yo bailo desde que tengo 3 años, y tengo 40. Pero siempre quise hacer esto de ponerme las plumas, no me quedé con ganas de nada y he bailado de todo. Hay que seguir tras los sueños, en algún momento se cumplen&#8221;, explicó al final de la función en la que se emocionó sobre las tablas al escuchar la ovación que recibió su hija. </p>



<p>Reina Altolaguirre tiene 17 años y es conocida en la región por no dejar campeonato de danza sin ganar. Cuando su mamá le propuso participar, aceptó y en la obra se la ve interpretar la canción &#8220;Honrar la vida&#8221;, en la voz de Rocío Guilmen, la cantante del elenco estable. Juntas regalan a los espectadores uno de los momentos más emotivos de la obra. </p>



<p>El trabajo artesanal y a pulmón, quizás, brilla más que las propias lentejuelas, piedras y plumas que adornan los trajes de los diez artistas en escena. &#8220;No tenemos nada que envidiarle a la revista de la costa, invertimos mucho en vestuarios, y bueno, se vio. Creo que el resultado, aparte de un grupo humano, es lo que se ve arriba del escenario&#8221;, consideró Enrique Ferroni en diálogo con La Opinión. </p>



<p>Mariano Lanfranconi, con su personaje —y sobre tacos de &#8220;23 cm dos talles más chicos&#8221;—, es el conductor de una serie de escenas en la que cada participante logra lucirse a su manera. En esos intervalos, el público cumple un rol fundamental. Todo se mide según los aplausos, las risas y la sorpresa de quienes se animan a participar. El domingo, a dos turistas de Capital Federal en primera fila se los vio contentos de ser blanco de las preguntas. </p>



<p>La propuesta incluye al mago Starky Junior con su show de magia e ilusionismo, y el elenco se completa con los bailarines Fran Brienza, Leo Coronel, Agus Sánchez y Barby Gómez, que destaca con un cuadro unipersonal en el que baila al ritmo de Lady Marmalade, parte de la inconfundible banda de sonido de Moulin Rouge. El domingo, también hubo aplausos para Thiago Altolaguirre en el sonido. </p>



<p>Las entradas valen 1000 pesos y se pueden adquirir en la boletaría del teatro los días de función, a través del teléfono 3329-627693 o el Instagram @larevistaestaenelsiripo </p>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/E4zGzyvJ7GXPKdmfDPrmg3KHjvY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://opinionsemanariocdn.eleco.com.ar/media/2023/01/20230122_230232-scaled.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>La primera revista sampedrina sorprende, más allá de los brillos, por el trabajo artesanal y familiar de su producción. Hay canto, baile, humor, emoción y talentos sobre y detrás del escenario. Las funciones seguirán cada viernes y domingo de enero y febrero. ]]>
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                                <category term="cultura-y-espectaculos" label="Cultura y Espectáculos" />
                <updated>2023-01-23T15:19:54+00:00</updated>
                <published>2023-01-23T15:19:54+00:00</published>
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