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    <title>La Opinión Semanario</title>
    <subtitle>Toda la información sobre política, deportes y economía. Notas exclusivas. Toda la actualidad. 24 hs online</subtitle>
    <updated>2026-11-06T19:43:00+00:00</updated>
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            Bar Plaza: 80 años de historias, encuentros y recuerdos que forman parte de San Pedro
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/rdMJ3QDnkFzzfz0ZMUDcS3u-u94=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://opinionsemanariocdn.eleco.com.ar/media/2026/11/bar_plaza_80_anos_5.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Hay lugares que formarán, eternamente, la identidad de una ciudad. No solamente por los años de permanencia, sino por todo lo que encierra entre sus paredes, con parroquianos que pasaron por sus mesas, las vivencias y anécdotas que, con el tiempo, fueron convirtiéndose en otro capítulo de la historia de este pueblo.</p><p>El Bar Plaza es uno de esos lugares. El pasado 24 de octubre cumplió 80 años.</p><p>Detrás de ese aniversario hay mucho más que una fecha. Hay generaciones de sampedrinos, encuentros, amistades, discusiones futboleras, cafés apurados, sándwiches que aún son perceptibles por sus sabores, y personajes que dejaron su marca en uno de los espacios más reconocidos de San Pedro.</p><p>Para reconstruir parte de esa historia, en parte contada durante El Kiosquito de Juanito, durante el programa Sin Galera, vale la pena volver a una publicación de 2007.&nbsp;</p><p>En aquella oportunidad, Carlos "Rulo" Collaretti se reunió con Carlos "Negro" Oliveros para contarle, en una nota publicada en El Imparcial, cómo había nacido el bar y qué significaba para la zona de la Plaza Belgrano. El encuentro, acompañado por un café y una tarde lluviosa, terminó convirtiéndose en un testimonio extraordinario.</p><p>La iniciativa de instalar un bar fue de don Manuel Hainez, que llegó nuestro país desde El Líbano y se radicó en Ramallo. Desde allí pasó a San Pedro, donde contrajo matrimonio y un vínculo familiar que marcaría el comienzo del “Barpla”.</p><p>Hainez se convirtió en empresario por sus dotes de visionario. Había impulsado la construcción de la estación de colectivos frente a la plaza sobre calle 25 de Mayo.&nbsp;</p><p>El movimiento que generaba aquella parada, donde llegaban y partían todos los micros que unían San Pedro con la localidades y ciudades de la región, como “San Nicolás, Arrecifes, Santa Lucía, Pérez Millán, Capitán Sarmiento, Vuelta de Obligado y Río Tala, además de los servicios especiales de los sábados hacia los bailes de campaña de La Revancha, Villa Teresa, Gobernador Castro, La Rosada y La Buena Moza. También salían los colectivos de Chevallier con destino a Buenos Aires”, le contó Collaretti a Oliveros.</p>Una de las fotos más antiguas tomada a través de uno de los ventanales: a la izquierda, Carlos “Rulo” Collaretti y el niño Emir Hainez,&nbsp;<p>La oficina de aquella estación funcionaba en un local de calle 25 de Mayo, al lado del Bar Plaza, que le daba a este sector de la ciudad un movimiento permanente, donde los pasajeros, comerciantes y vecinos compartían las mismas veredas.</p><p>Collaretti dijo recordar hasta el sonido del silbato de don Amadeo Gaudino o Curra, que anunciaba la partida de los colectivos, mientras los motores ya estaban en marcha. Cuando los coches se iban, la plaza recuperaba momentáneamente la tranquilidad.</p><p>Oliveros también era memorioso. Fue quien describió que alrededor de la terminal convivían la Farmacia Central; la tienda La Fémina, de Pascual Barbarito; la inmobiliaria de Nelo Marcozzi; la peluquería Manotti; el kiosco de Franco Di Tata; el restaurante de Fiori y la otra creación de Hainez: el Cine Plaza. Y cruzando la plaza, El Ceibo, de Nani Giacometti.</p><p>"Pero, Negro, ¡cómo no me voy a acordar! Si yo vivía en la estación de colectivos", le dijo Rulo. Y aquella enumeración de comercios y personajes se convertía, sin proponérselo, en una postal de una ciudad que ya no existe, excepto algunos comercios.</p><p>La familia Collaretti fue, a los pocos años, la emprendedora del bar. Después de Manuel Hainez y los hermanos Antonio y Américo Collaretti, Rulo, que con apenas 18 años, comenzó a involucrarse en el negocio. En 1949 compró una parte junto con su suegro, Manuel Ríos.</p>Carlos Macagnone, uno de los personajes del pueblo. El Barpla se cerraba para escuchar los discos que grababa en Buenos Aires.<p>Al principio lo atendía junto a Matías Estelrrich. Los comienzos fueron de mucho trabajo y largas jornadas. Rulo contaba que, después de cerrar, se quedaba limpiando hasta las cuatro de la mañana, casi siempre con las puertas abiertas, sin que nadie lo molestara. Solo lo interrumpió la “colimba”. Estuvo 14 meses en el Colegio Militar de la Nación.</p><p>En total fueron 43 años de trabajo, una vida entera detrás del mostrador o con una bandeja en la mano, viendo pasar a varias generaciones y convirtiéndose él mismo en parte de la historia del lugar.</p><p>"Por el Bar Plaza desfilaron todas las barras de San Pedro", recordaba Collaretti. Algunas de ellas tenían allí su verdadero cuartel general, y otros que, si bien no eran barras, tenían su punto de encuentro aquí.</p><p>“Una de las más recordadas era la que acompañaba al campeón argentino de boxeo Rinaldo 'Naldo' Ansaloni. Entre sus integrantes estaban "Beto" Rodríguez, Juan "Tango" Borda, Arturo Campos, "Moya" Rasio, Rodolfo "El Turco" Arboníes, Ricardo García, "El Mono" Celiz y Gorbarán, entre otros”, se puntualizó.</p><p>Cuando peleaba Naldo, la transmisión radial se escuchaba en la calle a través de altoparlantes. El bar se transformaba en una tribuna improvisada donde se compartía la emoción de cada combate.&nbsp;</p><p>Muestra de esto, con el paso del tiempo pendió un cuadro con su figura detrás del mostrador, en lo alto, señal de lo “grande” que era considerado por sus amigos, en especial por Rulo que hasta impulsó la imposición de una calle a su nombre (ex Los Andes).</p>El casamiento de Carlos Collaretti. La celebración también se hizo en el Bar Plaza.<p>El bar también fue escenario de reuniones vinculadas con la actividad artística de personajes de antaño, de esos que nunca faltan en los pueblos. Carlos Macagnone fue uno de ellos, que disponía del Barpla después del cierre de una jornada para hacer escuchar los discos que grababa en Buenos Aires, entre ellos el más famoso para varias generaciones: "Las chicas del Normal".</p><p>Otro dato saliente fue saber que dio inicio a lo que hoy es la agrupación de taxis, que utilizaba el teléfono del bar para organizar los viajes y el registro de pasajeros, que necesitaban trasladarse hasta la estación de ferrocarril para tomar el tren de las cuatro de la mañana rumbo a Buenos Aires.</p><p>En un San Pedro aún pequeño y con mucho por hacer, la empresa ITAC, instalada por Eduardo Depietri, incorporó trabajadores italianos y el Plaza comenzó a servir desayunos a las seis de la mañana.&nbsp;</p><p>Eran más de cincuenta operarios que iniciaban allí su jornada diaria. “Algunos terminaron afincándose en San Pedro y otros regresaron a Italia o continuaron su camino hacia Sudáfrica”, dijo Rulo.</p>La celebración por los 70 años. Emir Hainez y Carlos Collaretti cortan la torta aniversario.&nbsp;<p>Y dentro de esta participación comunitaria, Collaretti formó la Comisión Amigos de la Plaza Belgrano y de la calle 25 de Mayo en 1950, de la que fue presidente.</p><p>Uno de los primeros objetivos fue colocar un busto del General Belgrano en la plaza, que la comisión termina adquiriendo al escultor Luis Perlotti. Y junto a esto, un mástil que provino desde San Nicolás. Lo demás fue el toque estético: el basamento del mástil, el embaldosamiento del centro de la plaza y la bandera.</p><p>La inauguración estaba prevista para el 20 de junio de 1955, pero los acontecimientos políticos de la época, con el bombardeo a Plaza de Mayo, obligaron a suspenderla.</p><p>Finalmente se realizó el 4 de diciembre de ese año, con un desfile militar. Llegaron 120 soldados del Ejército, 60 de la Marina, 30 de Aeronáutica y la Banda Militar de San Nicolás. Cuando se descubrió el busto de Belgrano, tres aviones de la Fuerza Aérea realizaron una pasada rasante y dejaron caer una palma de laureles.</p><p>Con el paso de las décadas cambiaron los dueños, las costumbres, los horarios y los nombres de quienes ocupan las mesas. Pero hay algo que permanece: la condición del Bar Plaza como lugar de encuentro.</p><p>En sus mesas se compartieron los clásicos sándwiches de milanesa, los licuados de banana y los lomitos completos del Mono Figueroa y Ojito Pisani. También quedaron asociados a su historia los mozos Piquioni, el flaco Duzac, Rubén Iparraguirre, Ramón “El Negro” Lobianco, Carlitos Velo, entre tantos otros nombres que reaparecen cada vez que alguien cuenta una anécdota.</p>Carlos “Rulo” Collaretti, bandeja en mano. A los 18 años emprendió el negocio y lo sostuvo durante más de cuatro décadas.<p>Se vivía la previa de la fecha del fútbol local con el diseño del esquema de la transmisión de Tablero Deportivo, que se emitía por APA. Era el vermut de los domingos. Y por la tarde del mismo día, el armado de la edición nocturna del mismo programa con el resumen de los partidos. También se reunían los árbitros locales, tras la fecha, que realizaban un análisis sobre lo que dejaron sus actuaciones.</p><p>Por la noche, sobre el televisor color de los 80, los fanáticos del fútbol se agolpaban para ver los goles del campeonato de la AFA, en el programa Fútbol de Primera.</p><p>Además, fue el café durante el intervalo del cine, la picada con el Gancia, el vaso de vino con el sifón de soda sobre la mesa, la lectura de la 5ª edición de La Razón y aquellas charlas que podían extenderse sin mirar el reloj. Todo formaba parte de un cuadro inalterable aún en la memoria.</p><p>Incluso, hay quienes encuentran en ese ambiente algo de aquellos bares porteños de barrio, donde el café era apenas la excusa para encontrarse, conversar y sentirse parte de una comunidad.</p><p>En una de sus evocaciones más poéticas, Marino Fabianesi escribió sobre esa “escuela de vida que podía encontrarse detrás de una taza de café: un lugar donde se aprendía a vivir, a creer y a mirar el mundo desde una mesa compartida”.</p><p>Y quizás allí esté buena parte del secreto de estos 80 años, el mismo sentimiento con que Marcela Hainez, de la tercera generación, demostró con lágrimas en cada recuerdo.</p><p>Porque el Bar Plaza no es solamente un comercio que consiguió atravesar ocho décadas. Es un espacio donde se cruzaron historias personales y colectivas, donde hubo risas y lágrimas, consejos, amistades y solidaridad.&nbsp;</p><p>Un lugar que, según recuerdan quienes lo sienten propio, también supo ofrecer abrigo y alimento a quienes lo necesitaban, incluso a los callejeros que encontraron allí un plato de comida.</p><p>Ochenta años después, el Bar Plaza sigue escribiendo su historia, hecha de cafés, anécdotas, personajes y encuentros. Pero, sobre todo, de algo que no se puede comprar ni construir de un día para otro: el afecto de una ciudad que lo reconoce como parte de su propia vida.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/rdMJ3QDnkFzzfz0ZMUDcS3u-u94=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://opinionsemanariocdn.eleco.com.ar/media/2026/11/bar_plaza_80_anos_5.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Cumplió ocho décadas el pasado 24 de octubre. Desde su nacimiento, impulsado por Manuel Hainez, fue testigo de una ciudad que tenía allí uno de sus principales puntos de encuentro. Carlos "Rulo" Collaretti, que trabajó durante 43 años en el lugar, años atrás dejó un relato extraordinario sobre sus comienzos, sus personajes y una época que todavía vive en la memoria de los sampedrinos.]]>
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