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    <title>La Opinión Semanario</title>
    <subtitle>Toda la información sobre política, deportes y economía. Notas exclusivas. Toda la actualidad. 24 hs online</subtitle>
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            Un domingo en La Colorada: cuando el campo estaba poblado y el fútbol reunía a las familias
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/R4Yqp1xwWWLEVVUKy5KiqMj-0S4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://opinionsemanariocdn.eleco.com.ar/media/2026/10/paraje_la_colorada_club_santa_elena.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Hubo un tiempo en que el campo estaba poblado. Las familias vivían en las chacras, los caminos eran recorridos por sulkys y carros, y los domingos tenían un destino casi obligado: el almacén del paraje, donde se encontraban los vecinos para compartir las novedades, jugar a las bochas, disputar un partido de fútbol o comentar lo que dejó el baile del sábado por la noche.</p><p>La Colorada fue uno de esos lugares. Un pequeño mundo rural que tuvo sus años de esplendor y que, como tantos otros conglomerados del interior del partido de San Pedro, fue perdiendo protagonismo a medida que sus habitantes emigraron hacia los centros urbanos.</p><p>Algunos parajes lograron sobrevivir a ese proceso. Otros quedaron reducidos a unas pocas construcciones o taperas, caminos y recuerdos. La Colorada pertenece a esa geografía de la que aún, con sentimientos y añoranzas, quienes lo vivieron conservan historias capaces de devolverle la vida que alguna vez tuvo.</p><p>En El Kiosquito de Juanito, el espacio de recuerdos que Juan Álmada pone al aire cada sábado en programa Sin Galera, volvieron a surgir anécdotas de aquel sitio emblemático.&nbsp;</p><p>Todo a partir de una fotografía. Con ellas aparecieron nombres y testimonios que permiten reconstruir cómo era un domingo cualquiera cuando en el campo todavía residía mucha gente.</p><p>La historia de La Colorada se remonta al siglo XIX, cuando funcionaba allí una pulpería que se convirtió en parada casi obligada para las carretas y los gauchos que atravesaban la región.</p><p>Con el paso de los años, aquel establecimiento se transformó en un almacén de campo que fue mucho más que un comercio.</p><p>Su propietario fue José Cuscuela, esposo de Carmen y padre de Evaristo y Alfonso. El negocio ofrecía los artículos indispensables para la vida cotidiana, pero también era un boliche de copas y un centro de reunión para los pobladores de los alrededores. Más tarde, supo tener un surtidor de combustible.</p><p>Allí había canchas de bochas, de pelota a paleta y de fútbol. También un salón de fiestas que se hizo famoso por sus bailongos, esas reuniones donde se mezclaban generaciones y en las que muchas veces nacían noviazgos y recuerdos para toda la vida.</p><p>Hasta el nombre del paraje tiene su propia leyenda. Siempre se contó que La Colorada fue bautizada después de una reyerta que terminó con una puñalada y una gran mancha de sangre, una versión transmitida de generación en generación que forma parte de la tradición del lugar.</p><p>Junto al almacén funcionaba una dependencia policial, cuya construcción permaneció en pie, aunque abandonada, hasta principios del nuevo milenio.</p><p>Había también vecinos que conocían distintos oficios y prestaban servicios indispensables. Entre ellos, Jorge Tonsorati, recordado como el relojero de todo el paraje.</p><p>Era una pequeña comunidad que encontraba allí buena parte de lo que necesitaba, sin tener que viajar hasta la ciudad.</p><p>Cuando no había visitas familiares “en las casas”, el domingo tenía un punto de encuentro: el almacén de La Colorada.</p><p>Los partidos de fútbol convocaban a jugadores y espectadores de los alrededores. Se organizaban encuentros amistosos con equipos de otros parajes, especialmente aquellos que no participaban de las competencias de la Liga Deportiva Sampedrina. Por ejemplo, uno de los rivales recordados era Bella Vista, de Ingeniero Moneta.</p><p>La Colorada tenía su propio equipo, el club Santa Elena, cuyos jugadores vestían una camiseta de franjas anchas celestes y blancas, semejante a la Selección Argentina.</p><p>Una fotografía de 1968, aportada por Juan Solieri, permite recuperar los rostros de aquellos futbolistas que defendían los colores del paraje.</p><p>En la fila superior aparecen Alfredo "Ñato" Solieri, Raúl Dóval, Luis "Pichín" Biaggi, Hugo Domínguez, Jorge Núñez y Reynaldo "Pitón" Amigo. Abajo están Roberto Contreras, Camilo Núñez, Héctor Zarazola, Oscar Curra y Juan Solieri.</p><p>Representan mucho más que un equipo de fútbol. Son parte de una época en que cada paraje tenía sus desafíos deportivos y una hinchada formada por familiares, amigos y vecinos, que matizaban la tarde con un mate o una copita de caña, si hacía frío.</p><p>María Elena Ullúa nació en aquella zona y conserva recuerdos que parecen fotografías de un tiempo lejano.</p><p>Después de escuchar El Kiosquito de Juanito se comunicó con Sin Galera &amp; La Opinión para aportar sus vivencias, especialmente las relacionadas con los bailes que convocaban a las familias de La Colorada.</p><p>"Recuerdo el tiempo en que íbamos a los bailes. Los sulkys afuera porque no había un solo auto. El piso estaba bien afirmadito, era de madera lustrada. También recuerdo al Ñato Solieri, que subía los faroles para iluminar el salón", contó.</p><p>Ese salón tenía fama de estar muy bien acondicionado. Su piso de madera era cuidadosamente mantenido, contaba con un escenario amplio y bancos ubicados a los costados para que los asistentes pudieran descansar, conversar o simplemente disfrutar de la música y de las parejas que bailaban.</p><p>Aquellas reuniones eran acontecimientos esperados. Había que prepararse, elegir la ropa y organizar el viaje. Después, el salón se llenaba y había “rienda suelta” para la fiesta.</p><p>María Elena guarda también una anécdota pequeña, pero entrañable, que todavía recuerda con afecto.</p><p>"Tenía una medallita de oro con un Jesucristo. Preciosa, un regalo de los de antes. Bailando la perdí y fue el Ñato quien la encontró. Mi alegría fue enorme porque la apreciaba, por ser un afecto de familia", contó.</p><p>Pero la diversión no comenzaba cuando sonaba la música. Antes de los bailes, durante la tarde, se organizaban kermeses con juegos que hoy parecen pertenecer a otro mundo.</p><p>"A la tarde íbamos a jugar a las kermeses. Sí, una kermés a la tarde. La enhebrada de aguja que se hacía en pareja y donde el más rápido ganaba, como Héctor Zarazola; la carrera de embolsados; la cuchara con el huevo... Andá a llevar ahora a una chica de 15 años a jugar a la aguja…", recordó María Elena, trazando una comparación inevitable con los tiempos actuales.</p><p>Eran entretenimientos sencillos que no necesitaban demasiado para despertar entusiasmo. Bastaban una aguja, un hilo, una bolsa o una cuchara para organizar competencias que reunían a chicos, jóvenes y adultos.&nbsp;</p><p>Es que atrás había quedado una semana laboriosa que, según la década, se encaraba el campo con heladas o calor, antes de la salida del sol, y a “arrancar el maíz con las manos”. El lunes volvía la rutina.</p><p>Por eso, en la kermés lo importante no era el premio, sino participar, reírse y compartir una tarde.</p><p>"Hay toda una historia muy linda para contar. Se reunían las familias", resumió. Y quizás sea esa última frase la que mejor define lo que significaba este paraje y otros.</p><p>La historia de La Colorada es también la de muchos otros rincones del partido de San Pedro que tuvieron almacenes, escuelas, clubes, canchas de fútbol, bailes y una intensa vida comunitaria.</p><p>El éxodo rural fue modificando aquella realidad. Las familias comenzaron a trasladarse a las ciudades, los establecimientos se despoblaron y los lugares de encuentro perdieron la concurrencia que les había dado sentido durante décadas.</p><p>Con el tiempo desaparecieron las reuniones multitudinarias, los partidos entre equipos de parajes y los bailes que reunían a vecinos llegados en sulky.</p><p>Pero hay cosas que no desaparecen con el cierre de un almacén ni con el abandono de un edificio.</p><p>Quedan las fotografías guardadas en una caja, como la del equipo de Santa Elena, los nombres que alguien todavía puede reconocer, las historias repetidas alrededor de una mesa y las voces de quienes fueron protagonistas de aquella vida rural.</p><p>La Colorada ya no es aquel centro de reunión que convocaba a las familias del campo, pero sigue existiendo en la memoria de quienes lo conocieron.</p><p>Esta es tan solo una mínima parte de un domingo en La Colorada, cuando todavía había gente dispuesta a reunirse para disfrutar de la vida.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/R4Yqp1xwWWLEVVUKy5KiqMj-0S4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://opinionsemanariocdn.eleco.com.ar/media/2026/10/paraje_la_colorada_club_santa_elena.webp" class="type:primaryImage" /></figure>El almacén de ramos generales, los partidos de fútbol, las kermeses y los bailes eran motivos suficientes para reunir a vecinos que llegaban en sulky desde distintos rincones de la zona. La Colorada fue uno de aquellos parajes que tuvieron vida propia y que hoy sobreviven en las fotografías, las anécdotas y la memoria de quienes conocieron sus mejores tiempos.]]>
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                                                <category term="informacion-general" label="Información General" />
                                <updated>2026-10-15T23:30:03+00:00</updated>
                <published>2026-10-15T23:30:00+00:00</published>
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            Gran Premio Buenos Aires–Rosario–Buenos Aires de 1922: cuando un auto se detuvo en el negocio de Ernesto Letiche
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Nl0l7gzOYdZDJlNRva2cr5n4haw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://opinionsemanariocdn.eleco.com.ar/media/2026/09/gran_premio_buenos_aires_rosario_ernesto_letiche.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>En febrero de 1922, cuando el automóvil todavía era una novedad que despertaba admiración y curiosidad para los argentinos, las rutas nacionales que aún eran de tierra, fueron escenario de una de las competencias más importantes del calendario deportivo de entonces: el Gran Premio Buenos Aires–Rosario–Buenos Aires.</p><p>La competencia se desarrolló en dos etapas. La primera unió Buenos Aires con Rosario y la segunda repitió el recorrido en sentido inverso. Si bien figura Buenos Aires, el punto de partida y de llegada de la competencia fue Morón. Esto indica que no se utilizó la traza actual de la Ruta 9, sino otra que recorrió varios distritos del norte bonaerense.</p><p>El domingo 26 de febrero de 1922 comenzó la competencia con 20 vehículos, auspiciada por el Automóvil Club Argentino. Fue a las 6 de la mañana cuando le bajaron la bandera al primero vehículo. A lo largo del recorrido había puestos de control que reflejaron el trayecto: desde Morón pasaron por Luján, San Andrés de Giles, Capitán Sarmiento, San Pedro, San Nicolás y la llegada a Rosario. Al día siguiente, se reiteraron los puestos.</p>El automóvil de Malgor cubierto con barro. Las rutas de la época eran de tierra. &nbsp;Detrás aparecen Ernesto Letiche y Facundo Larrondo.<p>En la primera etapa, al llegar al control de San Pedro, Raúl Riganti marcaba 3 horas y 1 minuto de carrera. Detrás aparecían Guillermo Burke, Antonio Ovides y Luis Rol. También pasó Pedro Malgor, que luego sería el visitante de un destacado comercio de la ciudad.</p><p>La publicación realizada por el Touring Club Argentino permitió reconstruir aquel momento. En medio de la crónica destacó un hecho fatídico a pocos kilómetros de haberse iniciado. Entre San Andrés de Giles y San Antonio de Areco volcó el automóvil que guiaba Antonio Gerli y su compañero Ernesto Tedeschi perdió la vida.</p>En el lugar Ernesto Letiche comercializaba nafta Wico en latas de 20 litros.<p>Al completar la primera etapa hasta Rosario, Raúl Riganti y Ernesto Blanco fueron los triunfadores parciales. Al día siguiente, lunes 27 de febrero de 1922, emprendieron el regreso, y después de un total de 10 horas, 23 minutos y 51 segundos, la carrera fue ganada por Antonio Olvides y Carlos Noni, adjudicándose el Gran Premio Automóvil Club Argentino, con un premio de $ 3.000 donados por el Centro de Importadores de Automóviles y Anexos, y medalla de oro.</p><p>Hoy, más de un siglo después, la documentación de aquella carrera permite conocer detalles. Pero las fotografías de la familia de Ernesto Letiche muestran cuando Pedro Malgor, acompañado por Pedro Fraschini, detuvo su recorrido en San Pedro a bordo de un Hudson, en el negocio de calle Pellegrini al 400 (donde funciona un centro de eventos, otrora Ibiza Disco), donde Letiche comercializaba diferentes productos, entre otros combustible que en aquella época se vendía en envases de lata.</p><p>&nbsp;</p>Pellegrini 467. La fachada se mantiene y hoy es un centro de eventos. Este era el negocio de Ernesto Letiche.<p>Mientras la revista registra fríamente las horas y los minutos de cada competidor, esas fotografías permitieron imaginar la escena: el automóvil detenido en el control visiblemente embarrado, la gente alrededor por la curiosidad que causó, y el interés que seguramente provocaba el paso de aquellos vehículos que recorrían el país a velocidades que para entonces resultaban extraordinarias.</p><p>La propia revista publicó fotografías de la competencia. En la página 20 aparece Antonio Ovides junto a Carlos Noni en el Studebaker ganador, mientras que otra imagen, en la página 22, muestra la llegada de los automóviles a Morón, rodeados por una multitud.</p><p>Pero las imágenes de Malgor en San Pedro tienen un valor particular para la historia local porque permiten unir dos documentos separados por un siglo: la fotografía y el relato escrito de entonces.</p>La fotografía es la que aparece en la crónica de la revista del Touring Club Argentina. Es la llegada a Morón.<p>Ernesto Letiche, abuelo de Lía Alcorta, quien aportó el material fotográfico, contaba con una múltiple actividad y era uno de los comercios destacados de aquel San Pedro. No solo vendía la nafta Wico en latas de 20 litros a $ 10,90, sino también otras actividades como la realización de remates y comisiones.</p><p>La nafta Wico (West India Oil Company) era una de grandes compañías a nivel mundial, originaria de Estados Unidos, empresa perteneciente al imperio de John Rockefeller, incursionó en nuestro país esta década del siglo XX.</p><p>Las inexistentes estaciones de servicio en las carreteras y la necesidad de obtener combustible, es lo que hizo que nuestra ciudad sea protagonista de una de las primeras pruebas de automovilismo y su relación con una reconocida familia sampedrina.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Nl0l7gzOYdZDJlNRva2cr5n4haw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://opinionsemanariocdn.eleco.com.ar/media/2026/09/gran_premio_buenos_aires_rosario_ernesto_letiche.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Fue una de las grandes competencias automovilísticas de la época. La revista Touring Club Argentino registró el acontecimiento, que tuvo como protagonista a un competidor, su detención en San Pedro y la carga de combustible en un emblemático comercio de aquella época.]]>
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                <published>2026-09-13T19:21:21+00:00</published>
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            A 278 años de la Real Cédula que dio origen al Convento Franciscano y marcó la historia de San Pedro
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/7c9d_9rF5auZhxP0bcRyl4pzsxc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://opinionsemanariocdn.eleco.com.ar/media/2026/08/convento_franciscano.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Este miércoles 26 de agosto se cumplen 278 años de la firma de la Real Cédula mediante la cual el rey Fernando VI autorizó la fundación del Convento Franciscano de San Pedro, un acontecimiento que ocupa un lugar central en la historia de la ciudad,.</p><p>Aunque generalmente ignorado —el Gobierno volvió a conmemorar la fecha en 2021 y 2022— vuelve a cobrar especial significado en el marco del Año Jubilar Franciscano y del aniversario de la Basílica Nuestra Señora del Socorro.</p><p>La historia comenzó varios años antes de aquella autorización. El 13 de noviembre de 1743, el sacerdote franciscano Fray Francisco Antonio de Goycoechea, vinculado al Curato de los Arrecifes y a la reducción de Santiago del Baradero, realizó una donación mediante escritura pública con el propósito de establecer un convento de recoletos de la Orden de Nuestro Seráfico Padre San Francisco en el lugar conocido como Rincón de San Pedro.</p><p>Goycoechea ofreció tierras de su propiedad y se comprometió además a aportar 10.000 pesos, junto con los elementos necesarios para concretar la construcción. La iniciativa debía atravesar distintas instancias administrativas y religiosas antes de llegar a la Corona española.</p><p>Finalmente, el 26 de agosto de 1748, en el Palacio del Buen Retiro, el rey Fernando VI firmó la Real Cédula que autorizaba la fundación.</p><p>El documento, de seis páginas, estaba dirigido a las autoridades que tenían competencia sobre estos territorios, entre ellas el Virrey del Perú, además de autoridades religiosas. La disposición real habilitaba formalmente la construcción del convento y ordenaba que se cumpliera lo establecido.</p><p>La importancia de aquella Cédula excede el aspecto estrictamente religioso. La instalación de los franciscanos favoreció la concentración de habitantes alrededor del establecimiento y convirtió al convento en un punto de referencia para la vida de la zona.</p><p>La Cédula no refería a que las obras comenzaran inmediatamente después de la firma. La documentación histórica señala que el instrumento real recién fue conocido oficialmente en Buenos Aires el 9 de febrero de 1750.</p><p>Se estima que los trabajos comenzaron en los últimos años de la década de 1750 y el complejo fue adquiriendo una dimensión considerable al cabo de los diez años que duró su construcción. Contaba con iglesia, sacristía y más de veinte habitaciones.</p><p>No fue fácil iniciar la construcción. No había recursos y se había viajado al Alto Perú por las “limosnas”. Mientras tanto, los sacerdotes habían llegado y tuvieron que levantarse casas precarias hasta que la obra esté concluida.</p><p>En cambio, mientras se concluía con la obra, se dio la presencia de la imagen de la Virgen Nuestra Señora del Socorro, también traída desde el Alto Perú por Alonso del Pozo, describieron Zulma Taurizano y Américo Piccagli en su obra Historia Documental de San Pedro, primer tomo.</p><p>El establecimiento también tuvo una función educativa. Allí funcionó una escuela y posteriormente se desarrollaron actividades vinculadas con la enseñanza de latín y retórica.</p><p>De este modo, el convento se transformó en un espacio de encuentro religioso, educativo y comunitario, alrededor del cual fue creciendo el asentamiento.</p><p>El antiguo convento ocupaba el lugar donde actualmente se encuentra el Palacio Municipal y parte del Instituto Nuestra Señora del Socorro. Después de más de un siglo de existencia, el edificio fue demolido en la década de 1880 para permitir la construcción de la Comisaría y el Juzgado de Paz, y luego el Palacio Municipal.</p><p>Sin embargo, su historia no desapareció con el edificio. Parte de sus vestigios y elementos fueron recuperados y conservados, mientras que la documentación relacionada con su fundación permitió reconstruir buena parte de aquel proceso.</p><p>Entre esos documentos se encuentra precisamente una copia de la Real Cédula del 26 de agosto de 1748, una fecha que vuelve a cobrar significado y ocupa un lugar singular en la historia local.</p><p>No se trata simplemente del aniversario de una autorización administrativa de la Corona española. Es el documento que formalizó un proyecto religioso que tuvo consecuencias significativas en la conformación del asentamiento pueblerino.</p><p>A 278 años de aquella firma, la Real Cédula de Fernando VI permite volver la mirada hacia los primeros tiempos de la ciudad y comprender cómo, alrededor de un convento, una iglesia, una escuela y una imagen de la Virgen del Socorro comenzó a consolidarse una comunidad.</p><p>Es el hito que marca la fundación de San Pedro.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/7c9d_9rF5auZhxP0bcRyl4pzsxc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://opinionsemanariocdn.eleco.com.ar/media/2026/08/convento_franciscano.webp" class="type:primaryImage" /></figure>El 26 de agosto de 1748, el rey Fernando VI autorizó la construcción de un convento de la Orden Franciscana. La decisión de la Corona española fue el resultado de una gestión iniciada años antes y constituye uno de los hechos fundamentales en la formación de la comunidad que dio origen al pueblo de San Pedro.]]>
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                                                <category term="informacion-general" label="Información General" />
                                <updated>2026-08-26T13:44:12+00:00</updated>
                <published>2026-08-26T13:44:04+00:00</published>
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            A 52 años de la visita de Alfonsín, cuando llegó a San Pedro como “la nueva cara del radicalismo”
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/rFfSe2NCY3Ng-OPdK4cDIkIsSC8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://opinionsemanariocdn.eleco.com.ar/media/2026/08/raul_alfonsin_en_san_pedro_1974.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>La calle Ayacucho, entre Mitre y 25 de Mayo, se pobló de vecinos para escucharlo. Era el 24 de marzo de 1974 y quien llegaba a San Pedro era un dirigente radical que ya comenzaba a diferenciarse dentro del partido centenario.</p><p>Había perdido las elecciones internas para presidente de la Nación en 1973, cuya fórmula integró junto a Conrado Storani. Enfrente, los vencedores: Ricardo Balbín y Fernando De la Rúa. Pero, por entonces, ya era la principal figura de la línea Renovación y Cambio.</p><p>La escena quedó registrada en las páginas de la revista Sucesos, que tituló su crónica “Alfonsín, o la nueva cara del radicalismo”. El artículo describió a aquel dirigente de 49 años como el referente de la “corriente joven” del viejo partido fundado por Leandro N. Alem.</p><p>Su figura comenzaba a adquirir una dimensión propia y su discurso buscaba interpelar a una sociedad atravesada por profundas tensiones políticas y sociales.</p><p>Ante los sampedrinos, habló de la necesidad de producir un cambio en la vida de la Argentina y vinculó las transformaciones que se registraban en distintas partes del mundo con la discusión sobre las libertades individuales.</p><p>Su oratoria se sustentaba en educación, libertades, democracia y de la necesidad de cambiar la vida del país.</p><p>También dedicó buena parte de su exposición a la educación. Sus palabras fueron acompañadas por aplausos cuando planteó las desigualdades existentes dentro del sistema educativo argentino.</p><p>“Nuestro sistema educacional es un poco como nuestra sociedad: aparentemente democrático e igualitario, pero, en el fondo, en la profundidad, inequitativo e injusto”, sostuvo.</p><p>Alfonsín citó entonces estadísticas que buscaban demostrar las dificultades de acceso y permanencia en las escuelas. Según los datos que presentó, se sucedían casos de niños que no ingresaba a una escuela, y un porcentaje importante de quienes abandonaban en tercer grado.</p><p>En ese tramo de su discurso tuvo también un reconocimiento para los docentes, especialmente para las maestras que sostenían cotidianamente el sistema educativo.</p><p>La radiografía trazada en aquella época, según el líder radical, era: “El 10 % de los niños argentinos no ingresa jamás a una escuela; el 30 % de los que ingresan desertan en tercer grado, menos de la mitad de los que ingresan cumplen el ciclo de la enseñanza primaria".&nbsp;</p><p>"¿Y quiénes son los que desertan o los que repiten de grado? Estos, sin duda, los conocen muy bien las maestras que puedan estar aquí, aquellas que hacen patria todos los días, sin necesidad de ponerse uniformes entorchados y galones los días de fiesta”, señaló.</p><p>La crónica de Sucesos también reparó en el tono de su discurso y señaló que a algunos de los presentes les recordaba la terminología socialista de años anteriores.</p><p>Antes de despedirse, Alfonsín dejó una definición que, leída hoy, adquiere una particular dimensión histórica: “Sepamos cada uno que no somos enemigos entre nosotros. Nuestros únicos enemigos son los que desde afuera pretenden expoliarnos y robarnos, y los cómplices que desde adentro sirven a esos intereses”.</p><p>Aquella noche del 24 de marzo de 1974 quedó registrada en un recorte periodístico que permite volver sobre una imagen poco frecuente: la de un Alfonsín todavía en ascenso, recorriendo el país, hablando en las calles sobre un palco y buscando convertirse en la expresión de un radicalismo diferente, joven, vertiginoso y transformador.</p><p>Pasarían casi diez años hasta que su nombre volviera a ocupar las primeras páginas de los diarios. En 1983, después de la dictadura, Raúl Alfonsín fue elegido presidente de la Nación.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/rFfSe2NCY3Ng-OPdK4cDIkIsSC8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://opinionsemanariocdn.eleco.com.ar/media/2026/08/raul_alfonsin_en_san_pedro_1974.webp" class="type:primaryImage" /></figure>El 24 de marzo de 1974, Raúl Alfonsín visitó San Pedro y habló ante una multitud sobre la necesidad de transformar la vida del país. Por entonces tenía 49 años, lideraba una corriente renovadora dentro de la Unión Cívica Radical y todavía estaba lejos de imaginar que, una década después, se convertiría en el primer presidente constitucional de la Argentina tras la última dictadura militar.]]>
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                <published>2026-08-22T23:15:00+00:00</published>
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            Un fenómeno excepcional: hace casi 140 años un sismo alteró las aguas del Paraná frente a San Pedro
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/222zijjXBXLigNr4smPKF4VVguk=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://opinionsemanariocdn.eleco.com.ar/media/2026/07/terremoto_1888.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>La madrugada del 5 de junio de 1888 quedó marcada por un episodio inédito para la región. A las 0,20 un terremoto de magnitud estimada en 5,5 sacudió el Río de la Plata y sorprendió a miles de habitantes ribereños.</p><p>El sismo, cuyo epicentro se ubicó en el lecho del estuario, entre las costas de Buenos Aires y Colonia del Sacramento, próximo a la isla Martín García, tuvo una duración estimada de entre 45 y 58 segundos.&nbsp;</p><p>La sacudida fue percibida con claridad en Buenos Aires, La Plata, Montevideo y numerosas localidades del norte bonaerense, además de Santa Fe y Entre Ríos.</p><p>Sin embargo, uno de los aspectos más llamativos de aquel acontecimiento no fue únicamente el movimiento de la tierra, sino la reacción del agua.</p><p>Los registros de la época describen un fuerte oleaje y repentinas variaciones en el nivel del Río de la Plata, un fenómeno que con el paso de los años fue identificado por distintos investigadores como un pequeño tsunami o maremoto generado por el terremoto.&nbsp;</p><p>El caso más conocido y documentado por los diarios de época fue lo ocurrido con el vapor Saturno, que realizaba la travesía entre Buenos Aires y Colonia del Sacramento, que sintió un fuerte impacto proveniente del fondo del río.&nbsp;</p><p>El capitán, desconcertado, ordenó detener momentáneamente la navegación y verificar la profundidad, creyendo inicialmente que la embarcación había chocado contra un banco de arena.</p>Un diario rosarino (desconocido) de la época dio cuenta del terremoto en los días siguientes.&nbsp;<p>En los puertos de Buenos Aires y Montevideo también se reportaron movimientos bruscos del agua que hicieron oscilar embarcaciones amarradas y llamaron la atención de los pocos testigos.</p><p>¿Qué ocurrió en el río Paraná? Reconstruir lo sucedido aguas arriba resulta mucho más complejo. La documentación es escasa, aunque existen evidencias de que los efectos del terremoto también alcanzaron el interior de la cuenca.</p><p>Crónicas periodísticas de fines del siglo XIX indican que en puertos fluviales se registraron oscilaciones inusuales del agua y movimientos de embarcaciones amarradas.</p><p>La gran distancia entre el epicentro y el curso medio del Paraná hizo que la energía llegara muy debilitada. En lugar de olas de gran magnitud, el fenómeno se manifestó mediante largas ondulaciones del agua y un movimiento suave, insuficiente para provocar daños importantes en alguna estructura costera.</p><p>Aunque no existen registros específicos que describan con detalle lo sucedido en San Pedro, la ciudad quedó comprendida dentro del área donde el terremoto fue percibido con una intensidad estimada de grado IV en la escala de Mercalli Modificada.</p><p>Ese valor corresponde a un movimiento moderado, capaz de despertar a muchas personas durante la noche, hacer oscilar lámparas colgantes, producir crujidos en techos de madera y provocar el tintineo de la vajilla, pero sin ocasionar daños estructurales.</p><p>La ubicación de San Pedro, sobre las barrancas del Paraná, permite suponer que las alteraciones del agua también llegaron al canal principal, aunque de manera mucho más tenue que en el amplio estuario del Río de la Plata.</p><p>Los especialistas consideran que pudieron registrarse pequeñas oscilaciones del nivel del río y un leve oleaje anómalo, sin consecuencias relevantes.</p><p>A 138 años de aquel acontecimiento, el terremoto del Río de la Plata continúa siendo uno de los episodios geológicos más singulares registrados en la historia argentina.</p><p>Y las investigaciones coinciden en que la perturbación del agua logró internarse cientos de muchos kilómetros por la cuenca del Paraná, convirtiendo al fenómeno en un hecho excepcional que aún hoy despierta el interés de geólogos e historiadores.</p><p>Más que un tsunami devastador, como los registrados en océanos, lo ocurrido en 1888 fue una inusual onda generada por un terremoto, que recordó que una región considerada de bajas probabilidades sísmicas, puede experimentar fenómenos extraordinarios. Y además, que capaces de dejar su huella tanto en el Río de la Plata como en las aguas del Paraná.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/222zijjXBXLigNr4smPKF4VVguk=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://opinionsemanariocdn.eleco.com.ar/media/2026/07/terremoto_1888.webp" class="type:primaryImage" /></figure>El terremoto del Río de la Plata de 1888 provocó un inusual movimiento del agua que se sintió cientos de kilómetros adentro. El epicentro fue en inmediaciones de la isla Martín García. Los estudios históricos coinciden en que la onda se internó en el curso del Paraná y el archivo de noticias de la época apenas reporta lo acontecido en la zona de San Pedro.]]>
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            Lorenzo García: el campeón sampedrino que cumpliría 70 años y que quedó en la historia del boxeo argentino
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/SnLHaz_koX4p5pcLDLIuzUI0Hds=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://opinionsemanariocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/lorenzo_garcia_johnny_bumphus.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Este domingo 21 de junio, Lorenzo Luis García, uno de los máximos referentes del boxeo sampedrino, cumpliría 70 años.</p><p>“El Galleguito”, como lo nombraban recordados periodistas especializados, fue campeón argentino y sudamericano y desarrolló una extensa carrera profesional principalmente en la categoría liviano, entre 1977 y 1993.</p><p>Surgido del gimnasio “El Grillo”, dirigido por don Abelardo Castillo, debutó el 24 de junio de 1972, iniciando un recorrido que lo llevaría a convertirse en una de las figuras más destacadas del pugilismo nacional.</p><p>Su momento más trascendente llegó el 22 de enero de 1984, cuando disputó el título mundial de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB) en Atlantic City, Estados Unidos, ante el estadounidense Johnny Bumphus, en la categoría welter junior. En aquella ocasión, García dio la ventaja de subir de categoría para no desaprovechar la oportunidad, no obstante logró derribar a su rival con una derecha en un cruce (un golpe que lo caracterizó), y extendió la pelea hasta los 15 asaltos.</p><p>A lo largo de su trayectoria enfrentó a figuras de renombre como José “Pipino” Cuevas, Ubaldo Néstor “Uby” Sacco, Miguel “Puma” Arroyo, Alfonso “Pajarito” Hernández y Jorge “Locomotora” Castro, entre otros.</p><p>En el mítico Luna Park protagonizó veladas inolvidables, siendo protagonista de una de las noches más recordadas el 25 de junio de 1983, cuando venció a Sacco por decisión dividida al invicto marplatense en el escenario de Corrientes y Bouchard, quitándole su invicto y frustrándole su primera oportunidad mundialista.</p><p>“Había terminado el primer combate contra Uby Sacco. Para éste, era la pelea previa que lo transportaría hacia la búsqueda del título mundial. Pero esa noche Lorenzo García dio cátedra de su estilo. Ganó y le arruinó parcialmente la carrera al marplatense. Me paré de la platea y quedé esperando el resultado de las tarjetas de los jurados en el pasillo que conducía a la puerta principal. De repente veo llegar desde el ring, desencajado, a Tito Lectoure. Cuando pasó a mi lado exclamó: “¡La perdió, la perdió…! Ya sabía que Uby Sacco había sido derrotado y con ello ver caída la oportunidad de pelear por la corona mundial. Sacco fue un gran boxeador y tenía todas las dotes para ir por el cetro mayor” – Juan Almada -</p><p>García falleció el 7 de noviembre de 2018 a los 62 años, pero su legado deportivo permanece vigente. Fue recordado no solo por su trayectoria, estilo y valentía sobre el ring, sino también por su humildad, rasgo que lo distinguió dentro y fuera del deporte.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/SnLHaz_koX4p5pcLDLIuzUI0Hds=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://opinionsemanariocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/lorenzo_garcia_johnny_bumphus.webp" class="type:primaryImage" /></figure>El recordado boxeador sampedrino, campeón argentino y sudamericano, nació el 21 de junio de 1956. Con 202 peleas profesionales y una destacada carrera internacional, es considerado uno de los grandes exponentes del deporte local.]]>
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                <published>2026-06-21T20:45:00+00:00</published>
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            Raúl Llusá: el sampedrino que hace 46 años conquistó Madrid y dejó una huella imborrable en el atletismo argentino
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        <link rel="alternate" href="https://www.laopinionsemanario.com.ar/noticia/raul-llusa-el-sampedrino-que-hace-46-anos-conquisto-madrid-y-dejo-una-huella-imborrable-en-el-atletismo-argentino" type="text/html" title="Raúl Llusá: el sampedrino que hace 46 años conquistó Madrid y dejó una huella imborrable en el atletismo argentino" />
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/SFKQygRSg0NUdPXtgu27iVEWfO0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://opinionsemanariocdn.eleco.com.ar/media/2026/05/raul_llusa_maraton_de_madrid.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Hay deportistas que construyen victorias. Y hay otros que dejan una huella eterna. Raúl Llusá pertenece a ese selecto grupo de atletas que trascendieron el tiempo y transformaron sus logros en orgullo para toda una ciudad.</p><p>El 28 de mayo de 1980, el maratonista sampedrino escribió una de las páginas más brillantes del atletismo argentino al imponerse en la tercera edición de la Maratón de Madrid.&nbsp;</p><p>No solo ganó una de las competencias más exigentes de Europa: se convirtió en el primer extranjero en quedarse con el primer puesto de una prueba que con los años se transformaría en un clásico del calendario internacional.</p><p>A 46 años de aquella hazaña, su nombre continúa siendo recordado por el Foro de Atletismo Maratón de Madrid como el único argentino que logró subir a lo más alto del podio después de recorrer los 42,125 kilómetros del duro circuito español.</p><p>La competencia no fue sencilla. Madrid ya era reconocida por su dureza: los últimos diez kilómetros eran en subida y el recorrido, a más de 650 metros sobre el nivel del mar, exigía al máximo a cada corredor.&nbsp;</p><p>Ese año, además, el calor se volvió un rival implacable. De los 5.400 participantes que largaron, apenas 3.200 lograron completar la prueba. Pero, Raúl Llusá llegó entero. Fuerte. Convencido.</p><p>Mientras muchos lo descubrían en Europa, en Argentina ya se hablaba de aquel atleta nacido en San Pedro que venía de romper el récord nacional de maratón en Mar del Plata, superando nada menos que la histórica marca del legendario Osvaldo Suárez.</p><p>Su triunfo en Madrid representó mucho más que una victoria deportiva. Fue la presentación internacional de un corredor que llevaba consigo el sacrificio silencioso de años de entrenamiento, esfuerzo y perseverancia. También significó la clasificación para los Juegos Olímpicos de Moscú, tras completar la prueba en 2 horas, 24 minutos y 43 segundos.</p><p>Sin embargo, la alegría quedó atravesada por la desilusión. Semanas después, el boicot político impulsado por Estados Unidos a los Juegos Olímpicos encontró adhesión en Argentina y Llusá no pudo participar de la máxima cita del deporte mundial.</p><p>Aun así, jamás perdió la emoción por lo vivido. “Fue una experiencia única y sobre todo feliz de haber representado a mi país”, recordó tiempo después.</p><p>Su carrera continuó sumando títulos y actuaciones memorables. Fue campeón argentino, ganó las tradicionales Fiestas Mayas en 1983 y recibió el reconocimiento de medios emblemáticos como la revista El Gráfico, donde aparecer en aquellas épocas era un privilegio reservado para los grandes deportistas.</p><p>Si algo distinguió a Raúl Llusá no son solamente sus marcas, sus medallas o sus récords. Quienes lo conocieron destacan, además de su enorme capacidad atlética, valores que lo acompañaron siempre: la vocación, la disciplina y una humildad inquebrantable.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/SFKQygRSg0NUdPXtgu27iVEWfO0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://opinionsemanariocdn.eleco.com.ar/media/2026/05/raul_llusa_maraton_de_madrid.webp" class="type:primaryImage" /></figure>En 1980 se convirtió en el primer extranjero en ganar la Maratón de Madrid y logró la clasificación a los Juegos Olímpicos de Moscú. Fue una época donde su nombre irrumpió en el país y comenzó a ser conocido internacionalmente. Sus valores marcaron una trayectoria histórica para el deporte local y nacional.]]>
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                <published>2026-05-28T18:19:21+00:00</published>
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            Refundar San Pedro – ¿Te acordás de estos lugares?
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/QUMfiVvjOQfgEzi9p1eV5HVzMa0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://opinionsemanariocdn.eleco.com.ar/media/2026/05/228.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Te invitamos a recorrer nuestro archivo fotográfico en Refundar San Pedro, una página de Facebook en la publicamos fotos históricas de San Pedro, con rostros y lugares que seguro recordás. Mirá el video.]]>
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                                <updated>2026-05-17T15:00:05+00:00</updated>
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            Refundar San Pedro – ¿Conociste estos lugares?
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/0Yi6-vLg1RddziMAFi53tvq2M2M=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://opinionsemanariocdn.eleco.com.ar/media/2026/05/refu.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Te invitamos a recorrer nuestro archivo fotográfico en Refundar San Pedro, una página de Facebook en la publicamos fotos históricas de San Pedro, con rostros y lugares que seguro recordás. Mirá el video.]]>
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                                                <category term="refundar" label="Refundar San Pedro" />
                                <updated>2026-05-04T13:56:29+00:00</updated>
                <published>2026-05-04T13:56:23+00:00</published>
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            La inundación de 1966: el desastre que quedó grabado en la historia de San Pedro
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/s8x-KM178b4XCGeJvZDrsS2NNnM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://opinionsemanariocdn.eleco.com.ar/media/2026/04/creciente1966.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>El 3 de abril de 1966 quedó grabado como uno de los momentos más dramáticos en la historia de San Pedro. La crecida extraordinaria del río Paraná había llegado a su pico máximo. A las 10 de la mañana el hidrómetro del puerto local registró 5,08 metros, siendo esta por entonces, la marca máxima del Siglo XX (después superada por la de 1983).</p><p>Fue una inundación sin precedentes que afectó la zona ribereña, alterando la vida cotidiana de toda la comunidad, y también la depresión del bañado del río Arrecifes y el arroyo El Tala.</p><p>La reconstrucción de la época, que quedó plasmada en el recuerdo de todos, las fotos de familia y en la revista “Así”, de la editorial de Crónica, indica que el agua avanzó de manera sostenida hasta alcanzar niveles críticos.</p>El tinglado de la confitería del balneario con el agua hasta el techo. Al fondo, la Aduana. A la derecha la portada de la revista “Así”.<p>El balneario, aquella porción ilustre de la costa sampedrina de nuestro pasado sobre el otrora espejo de agua que fue la laguna, tenía un bar-confitería que funcionaba en el interior de un tinglado de grandes proporciones. Una de las fotos ilustró el nivel del río a pocos centímetros del techo y del caño superior que sostenía un juego de hamacas.</p><p>Barrios costeros quedaron bajo agua, obligando a cientos de familias a abandonar sus hogares y trasladarse a zonas más altas o centros de evacuados.</p><p>Pero hubo resistencia. Se recuerda que Agenor Almada se negó a salir de su casa. La Prefectura le había avisado en tres ocasiones para que se sumara a los casi 250 evacuados. En cambio, el “Yacaré del Paraná” se quedó, pero un día se despertó con el agua en su vivienda.</p><p>“La única forma de vencerlo a Agenor es por sorpresa y a traición, como le jugó el río”, fue uno de los testimonios de la época.</p><p>Es que a Agenor nada lo asustaba. Estaba acostumbrado a los grandes desafíos. Poco tiempo antes había tenido retos más notables, como uno de los intentos de unir a nado Rosario con Buenos Aires.</p><p>Otras voces reflejaron la angustia y la incertidumbre de aquellos días. “El Paraná no nos asusta, estamos acostumbrados a sus crecidas, pero esta vez fue distinto”, relataban los vecinos, sorprendidos por la magnitud del fenómeno. En muchos casos, el agua ingresó con rapidez, dejando escaso margen de reacción.</p>La Ruta 9 a la altura del río Arrecifes y el arroyo El Tala. Habían conformado taludes de tierra para contener el agua (Foto: Revista Así)&nbsp;<p>Las crónicas también dan cuenta de historias personales que reflejan el impacto humano de la creciente: familias separadas momentáneamente, pérdidas materiales significativas y el esfuerzo colectivo por salir adelante en medio de la emergencia.</p><p>El operativo de evacuación se desplegó contrarreloj. Embarcaciones y vehículos fueron utilizados para rescatar a familias aisladas, mientras que instituciones locales se organizaron para brindar asistencia. Escuelas y clubes funcionaron como centros de contención para los damnificados.</p><p>A pesar del drama, la comunidad logró reorganizarse con el correr de los días, mostrando una fuerte solidaridad entre vecinos. La bajante del río trajo alivio, pero dejó al descubierto los daños y la necesidad de una reconstrucción.</p><p>El desborde del Arrecifes y El Tala llegó a cubrir los campos linderos, que también sufrieron graves consecuencias.</p><p>Una de las fotos ilustrativas de “Así” fue el tramo de la Ruta 9 en esta zona. No existía la autopista. Para evitar que el agua inunde la calzada, se construyeron taludes de tierra en lo que era un verdadero corredor en medio de la desolación, evidenciando la dimensión del desastre.</p><p>Algo similar ocurrió con el Ferrocarril Mitre. Las formaciones atravesaban los puentes lentamente y por las ventanillas se observaba la marejada que se forzaba por elevarse sobre las vías.</p><p>Hoy, a más de medio siglo, la inundación del 66 sigue siendo un punto de referencia obligado en la memoria local, solo superada por la máxima que se tiene registro por el momento, la de 1983.</p><p>Las imágenes y relatos de aquella época no solo documentan un fenómeno natural extremo, sino también la resiliencia de una comunidad que supo sobreponerse a uno de sus mayores desafíos.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/s8x-KM178b4XCGeJvZDrsS2NNnM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://opinionsemanariocdn.eleco.com.ar/media/2026/04/creciente1966.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>A seis décadas, se recuerda la histórica crecida del Paraná que anegó barrios costeros. El efecto de la creciente obligó a evacuaciones y dejó postales imborrables en la memoria colectiva. También hubo un medio que ilustró el fenómeno.]]>
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                                                <category term="informacion-general" label="Información General" />
                                <updated>2026-04-26T22:05:05+00:00</updated>
                <published>2026-04-26T22:00:51+00:00</published>
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        <title>
            Refundar San Pedro – Postales de otros tiempos
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        <link rel="alternate" href="https://www.laopinionsemanario.com.ar/noticia/refundar-san-pedro-postales-de-otros-tiempos-14" type="text/html" title="Refundar San Pedro – Postales de otros tiempos" />
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/_KyzSZXHtJDJDdPczLa057KR_8E=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://opinionsemanariocdn.eleco.com.ar/media/2026/04/refundar_san_pedro_postales_de_otros_tiempos_227.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Te invitamos a recorrer nuestro archivo fotográfico en Refundar San Pedro, una página de Facebook en la publicamos fotos históricas de San Pedro, con rostros y lugares que seguro recordás. Mirá el video.]]>
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                                                <category term="refundar" label="Refundar San Pedro" />
                                <updated>2026-05-05T14:20:06+00:00</updated>
                <published>2026-04-19T16:30:00+00:00</published>
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            Hace 62 años: Galluzzi y Gainza Paz, los primeros ganadores del Anexo J en San Pedro
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        <link rel="alternate" href="https://www.laopinionsemanario.com.ar/noticia/hace-62-anos-galluzzi-y-gainza-paz-los-primeros-ganadores-del-anexo-j-en-san-pedro" type="text/html" title="Hace 62 años: Galluzzi y Gainza Paz, los primeros ganadores del Anexo J en San Pedro" />
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/GYwlwL50lBFlI0zy1JXHnvhunZU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://opinionsemanariocdn.eleco.com.ar/media/2026/04/anexo_j_1964.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>El 12 de abril de 1964 marcó el inicio de una breve pero fructífera etapa del automovilismo en San Pedro. Por primera vez, la ciudad fue sede de una competencia de nivel nacional, una experiencia que se repetiría en dos ocasiones más y que alcanzaría su punto culminante en 1967 con la llegada del Turismo Carretera, la categoría más popular del país.</p><p>La prueba correspondió al Turismo Mejorado, o Anexo J, que en años posteriores se convertiría en el Turismo Nacional. Fue organizada por el Automóvil Club San Pedro. Bajo el nombre de Gran Premio “Dulces Arco de Oro”, se desarrolló en el circuito costanero que tenía su punto de largada en la Avenida Juan de Garay, ascendía frente al Club Náutico, continuaba por Boulevard Paraná y Almirante Brown, y, a la altura de la Aduana tomaba Miguel Porta, para luego descender nuevamente hacia la costanera por Tucumán y Avenida 11 de Septiembre.</p>La subida del Club Náutico. Al final de la costanera los autos levantaban hasta 170 Km/h (Foto recuperada con IA)<p>La competencia formó parte de la séptima fecha de la cuarta temporada del Campeonato Argentino, que por entonces combinaba escenarios en autódromos y rutas. En un trazado callejero de 2.046 metros, se disputaron las finales de las categorías “A” y “B”, con un total de 20 vueltas que completaron 40,920 kilómetros de recorrido.</p><p>En la categoría “A”, el triunfo fue para Roberto Galluzzi, a bordo de un NSU, mientras que en la divisional “B” se impuso Guillermo Gainza Paz, conduciendo un Morris Cooper.</p><p>El circuito, emplazado en plena trama urbana, se convirtió rápidamente en un emblema local, tanto por sus exigencias como por el entorno natural que ofrecían las barrancas y el paisaje ribereño. No por casualidad, algunos protagonistas de la época lo apodaron “la Mónaco de la Argentina”.</p>La esquina de las Avenidas 11 de Septiembre y Juan de Garay. Los autos se disponen recorrer la costanera. Una multitud es testigo.<p>Los testimonios de quienes lo vivieron dan cuenta de la velocidad y el riesgo de aquellas jornadas. “Al final de la recta llegaban a 160 km/h”, recordó Raúl Victores, mientras que Juan Avendaño destacó que “el Fiat de Sancha alcanzaba las 9.000 vueltas”. En la misma línea, Horacio García aseguró que el Fiat Abarth llegaba a la curva de la Aduana a 165 km/h.</p><p>Estos comentarios surgen en portal de Facebook “Turismo de Carretera y Anexo "J" retro”.</p><p>Entre las particularidades de la carrera, se destacó la participación de los Auto Unión (DKW), recordados por su motor de dos tiempos. “Qué bien andaban”, evocó Vicente Longo Mondelli, y otros consignaron que, ante la escasez de combustible, en algunos casos se utilizaba kerosene.</p><p>Las anécdotas también forman parte de la memoria de aquella jornada. Marcelo Juárez Costes rememoró que el piloto Sancha logró completar la competencia sobre tres ruedas, generando chispas en el sector derecho, en una escena que impactó a los espectadores.</p><p>Otro dato destacado fue la aparición de los Mini Cooper o Morris Cooper. Sobre ese debut, Carlos Oscar Foyo recordó: “Fue su estreno, y tras la victoria un diario capitalino tituló: ‘La bomba inglesa estalló en San Pedro”.</p>El DKW o Auto Unión, de dos cilindros. En su puerta aparece estampado “Premio Dulces Arco de Oro”.<p>Aquel día participaron solo dos categorías, dejando estos resultados:</p><p>Categoría “A”</p><p>1° Roberto Galluzzi (NSU) 31m.16s.4/10</p><p>2° Eduardo Grassi (Isard)</p><p>3° Osvaldo R. Juchel (De Carlo)</p><p>4° Edgardo Bocha (De Carlo)</p><p>5° Juan C. Gallo (De Carlo)</p><p>6° Pedro Masas (De Carlo)</p><p>7° Carlos E. Palacios (De Carlo)</p><p>8° Juan Sampaio (De Carlo)</p><p>9° Manuel Ledesma (Isard)</p><p>Abandonos: Alberto E. Carrel (4ª vuelta) y Emilio A. Cesone (19ª vuelta)</p><p>Promedio del ganador: 78,787 km/h. Récord de vuelta: Roberto Galluzzi en la vuelta 13, con 1 minuto 32 segundos 4/10.</p><p>Categoría “B”</p><p>1° G. Gainza Paz (Morris Coop.) 30m.06s.5/10</p><p>2° Vicente Fornasaro (Auto Unión)</p><p>3° Carlos Guindaroy (Renault)</p><p>4° Julio Guimarey (Renault)</p><p>5° Gastón Perkins (Renault)</p><p>6° Pedro Sancha (Fiat Abarth)</p><p>7° José Loizaga (Fiat)</p><p>8° Ovidio Zunino (Auto Unión)</p><p>Abandono: Norberto Favier (7ª vuelta)</p><p>Promedio del ganador: 81,502 km/h. Récord de vuelta: Guillermo Gainza Paz en la vuelta 8, con 1 minuto 27 segundos 6/10.</p><p>Comisario deportivo: José Soler. Cronometrista: Ángel Neira. Oficiales deportivos: Aníbal Pisani y Oscar Vázquez.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/GYwlwL50lBFlI0zy1JXHnvhunZU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://opinionsemanariocdn.eleco.com.ar/media/2026/04/anexo_j_1964.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Las competencias se disputaron sobre un trazado de 2.046 metros, en lo que fue denominado “la Mónaco de Argentina”. Hubo destacadas actuaciones en ambas categorías y registros de velocidad superiores a los 160 km/h. Fue el debut del Auto Unión y el Mini Cooper.]]>
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                                                <category term="informacion-general" label="Información General" />
                                <updated>2026-04-13T11:00:04+00:00</updated>
                <published>2026-04-13T11:00:00+00:00</published>
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            Refundar San Pedro – Lugares y rostros con historia
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        <link rel="alternate" href="https://www.laopinionsemanario.com.ar/noticia/refundar-san-pedro-lugares-y-rostros-con-historia-21" type="text/html" title="Refundar San Pedro – Lugares y rostros con historia" />
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                <![CDATA[La Opinión Semanario]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/MaGVo21Yp_OgsbQPq9EGHJvO6K4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://opinionsemanariocdn.eleco.com.ar/media/2026/04/refu_226.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Te invitamos a recorrer nuestro archivo fotográfico en Refundar San Pedro, una página de Facebook en la publicamos fotos históricas de San Pedro, con rostros y lugares que seguro recordás. Mirá el vide]]>
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                                <updated>2026-04-12T16:15:03+00:00</updated>
                <published>2026-04-12T16:15:00+00:00</published>
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            La mágica aventura de Finger y Rossi en el Mundial de básquet de Puerto Rico en 1974
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        <link rel="alternate" href="https://www.laopinionsemanario.com.ar/noticia/la-magica-aventura-de-finger-y-rossi-en-el-mundial-de-basquet-de-puerto-rico-en-1974" type="text/html" title="La mágica aventura de Finger y Rossi en el Mundial de básquet de Puerto Rico en 1974" />
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                                <content type="html" xml:base="https://www.laopinionsemanario.com.ar/noticia/la-magica-aventura-de-finger-y-rossi-en-el-mundial-de-basquet-de-puerto-rico-en-1974">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/3bhLcOFZPoDLXw01VCITvozS3oI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://opinionsemanariocdn.eleco.com.ar/media/2026/04/alberto_finger_raul_rossi.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>El viernes 27 de marzo falleció Alberto Finger. Para la gran mayoría, un desconocido; para quienes alguna vez transitaron el mundo del básquetbol, alguien imposible de ignorar.</p><p>La noticia provocó consternación en el ambiente a nivel nacional, donde suelen surgir recuerdos compartidos de quienes alguna vez atravesaron su vida. Porque para muchos no fue solamente un entrenador: fue, ante todo, un profesor y un formador.</p><p>Dirigió a Boca, River y a la Selección Argentina, entre otros equipos. En un equipo apostó a las jóvenes promesas de entonces. Llegó a juntar Haile, Aréjula, Duffy (exentrenador de Náutico San Pedro), Pagella y Yódice en River.&nbsp;</p><p>Además, lo que verdaderamente lo definía era el respeto que supo ganarse y el afecto que sembró a lo largo de los años. Su personalidad le regaló algo que no se entrena: una innumerable cantidad de amigos.</p><p>Uno de ellos fue Raúl “el flaco” Rossi (fallecido en 2012), otro hombre del básquet, otro formador hecho de conocimiento y vocación. Entre ambos tejieron una amistad que los convirtió en protagonistas de una de esas historias que parecen fantásticas: el “desafío” de viajar a Puerto Rico en 1974 para ver el Campeonato Mundial, “cueste lo que cueste”.</p><p>Y así fue. En julio de ese año emprendieron el viaje. La Argentina participaba, pero también estaban esas potencias que invitaban a verlas jugar.</p><p>Finger y Rossi fueron, vivieron y regresaron “con lo justo”, como recordaría Raúl tiempo después. Apenas el dinero necesario para el pasaje, alguna noche de alojamiento compartido y lo indispensable para seguir adelante.</p><p>El resto fue pura aventura. Con poco, y a veces con nada, se las arreglaban para atravesar los días. Fueron un especie de “mochileros en tierra boricua”, sostenidos únicamente por la pasión.&nbsp;</p><p>“En los últimos días nos costaba todo —contaba Raúl—, desde conseguir el dinero para una entrada (algunas veces pudieron colarse) hasta para comer”. Pero, al margen del sacrificio, nadie les quitaba lo bailado.</p><p>Era otro tiempo. Uno en el que los países del este europeo deslumbraban: la Unión Soviética se consagró campeona y Yugoslavia fue segunda. Todavía no existían palabras como Perestroika ni se intuía la tragedia de los Balcanes.&nbsp;</p><p>También fue el torneo que consagró al árbitro bahiense Roberto Gómez “Gomito”, quien meses después llegaría a San Pedro para dirigir el Campeonato Provincial.</p><p>Hoy, todo es un recuerdo. Memoria de los tiempos que han pasado. De viajes que parecían inalcanzables, de amistades que resistieron años y de una pasión capaz de reunir destinos y aferrar lazos amistosos, como la de “El Profe” y “El Flaco”.</p><p>&nbsp;</p>]]>
                </content>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/3bhLcOFZPoDLXw01VCITvozS3oI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://opinionsemanariocdn.eleco.com.ar/media/2026/04/alberto_finger_raul_rossi.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Tras conocerse la triste noticia de la muerte del histórico entrenador Alberto Finger, gran amigo de Raúl Rossi, el recuerdo de un viaje compartido. La pasión por un deporte los unió y juntos fueron los intrépidos concurrentes a un evento de gran nivel. El sampedrino una vez contó parte de la historia.]]>
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                                                <category term="informacion-general" label="Información General" />
                                <updated>2026-04-05T13:40:10+00:00</updated>
                <published>2026-04-05T13:37:14+00:00</published>
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            Refundar San Pedro – ¿Cuántas caras reconocés?
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        <link rel="alternate" href="https://www.laopinionsemanario.com.ar/noticia/refundar-san-pedro-cuantas-caras-reconoces-15" type="text/html" title="Refundar San Pedro – ¿Cuántas caras reconocés?" />
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                <![CDATA[La Opinión Semanario]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/zSYDHrac46aF2C0V4qltdOYjjy8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://opinionsemanariocdn.eleco.com.ar/media/2026/04/refundar_225.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Te invitamos a recorrer nuestro archivo fotográfico en Refundar San Pedro, una página de Facebook en la publicamos fotos históricas de San Pedro, con rostros y lugares que seguro recordás. Mirá el vide]]>
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                                                <category term="refundar" label="Refundar San Pedro" />
                                <updated>2026-04-02T16:16:20+00:00</updated>
                <published>2026-04-02T16:14:33+00:00</published>
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            A 32 años de la tragedia de La Plata: el recuerdo imborrable de Osvaldo Pato Morresi
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/RZ-AH5XWNdrXDXa5jlswMqn-r_c=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://opinionsemanariocdn.eleco.com.ar/media/2026/03/osvaldo_morresi.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>A 32 años de aquel mediodía que quedó tatuado en la memoria del automovilismo argentino, el nombre de Osvaldo “Pato” Morresi vuelve a pronunciarse como cada 27 de marzo.</p><p>En 1994, en La Plata, el destino se volvió tragedia sobre el asfalto. Dos días más tarde, el dolor se hizo aún más profundo con la muerte de su acompañante, Jorge Marceca.</p><p>Morresi había construido su historia a pura velocidad y coraje, primero siendo campeón argentino de Turismo Nacional Clase B, y durante algo más de una década en el Turismo Carretera, la categoría emblemática del automovilismo nacional donde debutó el 8 de abril de 1984, en el Autódromo de Buenos Aires.</p><p>Ocho victorias marcaron su camino, con un primer grito inolvidable el 4 de mayo de 1986 en Tandil, donde comenzó a forjar su leyenda.</p><p>Fiel a Chevrolet, encontró el respaldo necesario para llegar Omar Wilke y Jorge Pedersoli, los preparadores que todo piloto soñaba por entonces. Pero su historia no solo se escribió en los podios, sino también en ese automovilismo de rutas abiertas, con el público masivo que se convertía en el telón de fondo, donde el olor a asado y el humo formaban parte del ritual.</p><p>Su muerte, como antes la de Roberto Mouras, marcó un antes y un después. Una mancha de aceite, un despiste y el impacto contra un talud de tierra desataron la tragedia.&nbsp;</p><p>Fue el golpe definitivo a una época: la de los circuitos semipermanentes, la de las rutas como escenario, la de un folklore que denotaba una pasión. A partir de allí, la reflexión se volvió inevitable y el camino condujo, con los años, a la seguridad de los autódromos.</p><p>El relato de Juan Manuel Landa, recogido por el programa Posición 1, bajo la conducción de Diego Zorrero y Mauro Feito, resume el instante más desgarrador: no hubo palabras, solo la imagen del hijo del “Pato”, Juan Manuel Morresi, saliendo del hospital tras la peor noticia. Fue determinante para que el marplatense que, supo pelear un campeonato, decidiera abandonar el automovilismo.</p><p>Pero sí hay una escena que el tiempo no podrá borrar. Es la despedida. San Pedro se detuvo. Las calles se poblaron de silencio y respeto. Nunca antes —y quizás nunca después— se vio un cortejo semejante hacia el cementerio local. Fue el pueblo entero, sin excepciones, el que salió a acompañarlo en su última vuelta.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/RZ-AH5XWNdrXDXa5jlswMqn-r_c=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://opinionsemanariocdn.eleco.com.ar/media/2026/03/osvaldo_morresi.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Cada 27 de marzo, el automovilismo argentino vuelve a detenerse para evocar al piloto sampedrino. Su muerte no solo enlutó al Turismo Carretera, sino que también marcó un punto de inflexión hacia una mayor seguridad, mientras San Pedro lo despedía en una multitudinaria y emotiva última vuelta.]]>
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                                                <category term="informacion-general" label="Información General" />
                                <updated>2026-03-27T21:05:11+00:00</updated>
                <published>2026-03-27T21:01:08+00:00</published>
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            A 75 años del estreno de “Los Isleros”, la película que inmortalizó la vida ribereña de San Pedro
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        <link rel="alternate" href="https://www.laopinionsemanario.com.ar/noticia/a-75-anos-del-estreno-de-los-isleros-la-pelicula-que-inmortalizo-la-vida-riberena-de-san-pedro" type="text/html" title="A 75 años del estreno de “Los Isleros”, la película que inmortalizó la vida ribereña de San Pedro" />
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                <![CDATA[La Opinión Semanario]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/NM1lu7YKTfyhsK0hXJtYa4yo2yY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://opinionsemanariocdn.eleco.com.ar/media/2026/03/los_isleros_2.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>—¿No querés un armado?</p><p>—¿Para qué, si es más trabajo limpiarlo que comerlo?</p><p>—Si es por limpiarlo, lo “limpeo” yo.</p><p>Ese intercambio, cargado de picardía y naturalidad, sintetiza el espíritu de Los isleros, una de las grandes obras del cine nacional. que este 20 de marzo cumplió 75 años desde su estreno.</p><p>Dirigida por Lucas Demare, la película logró algo que pocas alcanzaron: capturar con autenticidad la vida ribereña, su idiosincrasia, su lenguaje y una forma de habitar el mundo atravesada por el río.</p><p>El impacto fue enorme. Y eso alentó a que el género tuviera un año después Las aguas bajan turbias, pero más convertida en un drama social, que encabezó Hugo del Carril.</p>La casa a mitad de las barrancas y el fondo de la laguna de San Pedro. Allí aparecen Tita Merello y Arturo García Buhr (Imagen: captura de Los Isleros)<p>Para los vecinos de San Pedro, Los isleros no fue solo una película, sino un espejo en el cual reconocerse.</p><p>Gran parte del rodaje se llevó a cabo en la zona de Las Canaletas y lo que hoy comprende el barrio América, además de sectores de islas donde la vida transcurría al ritmo del Paraná.&nbsp;</p><p>Allí quedaron retratados los ranchos elevados sobre palos, la amenaza constante de las crecientes, la pesca cotidiana y la cacería de patos como sustento.</p><p>Pero también hay otra postal: la de las casas asentadas sobre las barrancas, el ir y venir de los vecinos, el baile improvisado en los patios y esa convivencia marcada por la cercanía y la tradición litoraleña.</p>Una imagen que ilustra la vida ribereña que aún persiste e identifica a su gente (Imagen: captura de Los Isleros)<p>La película muestra, además, paisajes que hoy forman parte de la memoria: los astilleros, la antigua laguna y el riacho San Pedro —cuando nacía en la Laguna de Céliz— iluminados por la luna.</p><p>Una de las escenas más recordadas es el descenso por las barrancas a través de una precaria escalera, apenas sostenida por un pasamanos rústico. En la vida real, ese era el acceso al balneario desde la zona de la Aduana, donde hoy se levanta la escalera del Vía Crucis.</p>Tita Merello y Arturo García Buhr en el centro de la escena. Sus actuaciones fueron memorables (Imagen: Grandes de la escena nacional).<p>En el centro de esta historia aparece una figura inolvidable: Tita Merello, en su papel de Rosalía, “La Carancha”, acompañada por Arturo García Buhr, ambos en actuaciones que quedaron grabadas en la memoria.</p><p>A 75 años de su estreno, Los isleros no solo es recordada por su valor cinematográfico, sino por haber inmortalizado una identidad. Una película que convirtió a San Pedro en escenario y protagonista, y que con el paso del tiempo se consolidó como un símbolo del vínculo entre la ciudad y su río.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/NM1lu7YKTfyhsK0hXJtYa4yo2yY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://opinionsemanariocdn.eleco.com.ar/media/2026/03/los_isleros_2.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Estrenada el 20 de marzo de 1951 y dirigida por Lucas Demare, la obra se convirtió en un retrato inolvidable de la identidad isleña. Fue filmada en escenarios naturales de la ciudad. Después de varias décadas, sigue siendo un emblema del cine argentino.]]>
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                                                <category term="cultura-y-espectaculos" label="Cultura y Espectáculos" />
                                <updated>2026-03-23T20:25:10+00:00</updated>
                <published>2026-03-23T19:44:26+00:00</published>
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            La Vuelta de San Pedro: el día que el Torino hizo historia ante una multitud
        </title>
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                <![CDATA[La Opinión Semanario]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/ylIB58MhXexJDSvLtxZVM5ULsjQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://opinionsemanariocdn.eleco.com.ar/media/2026/02/vuelta_de_san_pedro_59_anos_3.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>San Pedro vivió en 1967 una de las jornadas más trascendentes de su historia deportiva. La competencia de Turismo Carretera no solo presentó novedades organizativas y técnicas, sino que también ofreció un espectáculo multitudinario que desbordó todas las previsiones.</p><p>“Señores…, hoy el país está en San Pedro”, fueron las palabras iniciales de Alberto Hugo Cando en la apertura de la transmisión radial.</p><p>La Ruta 9 dejó de ser doble mano en Baradero. Pasó a tener un único sentido hasta el cruce con la Ruta 191, donde se giraba hacia la izquierda para recorrer unos pocos metros y dejar el vehículo, auto, camioneta &nbsp;o camión, en inmediaciones al Almacén El Centro. Desde allí había que llegar caminando hasta la escuela del paraje Villa Sarita, inmejorable visión donde los autos empalmaban el camino de tierra que provenía del paraje Beladrich y tomaban el asfalto rumbo hacia el puente sobre el arroyo Burgos, donde nuevamente transitaban por tierra hasta Beladrich. Así era el recorrido.</p><p>“La mañana del domingo amaneció diáfana, pero con un movimiento incesante de gente y vehículos que generó cortes, embotellamientos y dificultades logísticas. La organización debió encauzar la marea humana en un circuito colmado, en una escena que anticipaba la magnitud de lo que vendría”, rezó la crónica de entonces.</p>Los medios de ls época reflejaron lo que fue uno de los memorables acontecimientos en la historia del automovilismo argentino.<p>La afluencia de público obligó a demorar la largada más de una hora para poder ordenar los accesos y garantizar el paso de los competidores. Es que pese a cerrarse el circuito en la madrugada, muchos se quedaron a la vera de los caminos desde la noche anterior.</p><p>“¡Maravilla! No son 22 millones los habitantes del país. Yo los conté, porque fueron todos a San Pedro y sumaban mucho más. ¿Cuántos más?, ni noticias, porque cuando estaba llegando a los 24 millones la tierra de los carreristas me tapó todo y perdí la cuenta. Claro, no todos eran argentinos, pero los 22 millones estaban superados”, fue una de las apostillas aparecidas en la revista Automundo.</p>Eduardo Copello fue uno de los integrantes del tridente del equipo Torino-IKA.<p>¿Cómo que no eran todos argentinos? “Había una punta de chilenos, brasileños y norteamericanos”, contó Automundo, que se sintieron atraídos por el gran premio “Fruticultores Guzzo”, organizado por el Automóvil Club San Pedro.</p><p>Los medios se hicieron eco del acontecimiento. Resaltaban particularidades, como un nuevo club organizador, un circuito renovado, equipos en evolución y la irrupción de una marca llamada a cambiar la categoría marcaron el tono de aquel fin de semana. La expectativa era tan grande que el número de anotados superó el cupo reglamentario de 45 máquinas. Entre estos quienes iban a hacer historia en el automovilismo argentino: los tres Torino, preparados por el joven Oreste Berta, que debutaron en la categoría más popular. Y como pilotos a la CGT: Eduardo Copello, Héctor Luis Gradassi y Jorge Ternengo.</p>Esteban Sokol, el piloto sampedrino con el cuarto Torino de la competencia, pero que no pertenecía al equipo oficial IKA.<p>Los Torino rápidamente impusieron su ritmo. Gradassi tomó la punta desde el inicio y recorrió la primera vuelta a un promedio de 167 km/h. Téngase presente que la largada era detenida.</p><p>Con el paso de las vueltas la competencia se hizo más exigente. Gradassi no largaba la punta y detrás se daba la lucha. Pero el puntero también padecía desperfectos. Sufrió la rotura del caño de escape y una merma de rendimiento por las fallas intermitentes que presentó un cilindro, que llevó a que sus perseguidores se acercaran, hasta perder momentáneamente la punta cuando se detuvo a reabastecer. Sin embargo, el Torino no solo deslumbraba por su imponente presencia, sino también por su andar.</p>Eduardo Casa con el Ford F 100. Terminó segundo en la carrera.<p>Gradassi recuperó la punta, alejándose de la polvareda que dejaba el resto de los competidores. Batió el récord del circuito y finalmente cerró una jornada inolvidable, tras cruzar la meta como vencedor.</p><p>Ricardo Bonanno, Eduardo Casá, Luis Di Palma, Mariano Calamante, Nasif Estéfano, Octavio Suárez y el sampedrino Esteban Sokol, que corrió con “el cuarto Torino”, pero que no pertenecía a la red de concesionarios IKA, fueron algunos de los ilustres de aquel día.</p>Una imagen icónica. Gradassi dobla en la curva cerrada frente a la Escuela 34 de Villa Sarita. Detrás, parte de la multitud que presencia la competencia.<p>La Vuelta de San Pedro no fue una más. Marcó el inicio de una nueva etapa para la categoría, con la irrupción del Torino como protagonista y el comienzo de una rivalidad técnica que cambiaría el panorama del TC. Hubo decenas de miles de testigos que asistieron a un acontecimiento marcado como un hito.</p><p>Por eso, cada 26 de febrero se refresca la memoria de aquel 1967, el día en que el nombre Torino empezó a repetirse una y otra vez, anticipando una era de protagonismo en la categoría más popular del automovilismo argentino.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/ylIB58MhXexJDSvLtxZVM5ULsjQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://opinionsemanariocdn.eleco.com.ar/media/2026/02/vuelta_de_san_pedro_59_anos_3.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Con un circuito colmado, demoras por la masiva concurrencia y un clima de expectativa pocas veces visto, la carrera marcó un antes y un después. El triunfo de Héctor Luis Gradassi con Torino fue el primer hito de un auto de diseño argentino.]]>
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                                                <category term="informacion-general" label="Información General" />
                                <updated>2026-02-27T17:55:05+00:00</updated>
                <published>2026-02-26T23:30:00+00:00</published>
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            Hace 60 años: el día que Carlos Reutemann fue segundo en el Anexo J disputado en San Pedro
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        <link rel="alternate" href="https://www.laopinionsemanario.com.ar/noticia/hace-60-anos-el-dia-que-carlos-reutemann-fue-segundo-en-el-anexo-j-disputado-en-san-pedro" type="text/html" title="Hace 60 años: el día que Carlos Reutemann fue segundo en el Anexo J disputado en San Pedro" />
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                                <content type="html" xml:base="https://www.laopinionsemanario.com.ar/noticia/hace-60-anos-el-dia-que-carlos-reutemann-fue-segundo-en-el-anexo-j-disputado-en-san-pedro">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/v1H-NtWbmYzRQN4EUNUt4dVudwE=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://opinionsemanariocdn.eleco.com.ar/media/2026/02/anexo_j_20_febrero_1966_carlos_reutemann.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Para añoranzas de muchos sampedrinos, lo vivido en la década del 60 con el automovilismo fue una etapa insuperable.</p><p>La competencia de la entonces formadora y atrapante categoría Turismo Mejorado o Anexo J llegó a elegir en cuatro oportunidades el circuito costanero, que ellos mismos calificaron como “La Mónaco de Argentina”.</p><p>En 1964 se disputó una prueba, otra en 1965 y dos ediciones en 1966, todas organizadas por el Automóvil Club San Pedro. Una de ellas fue la del 20 de febrero, que estuvo marcada por la presencia en nuestra ciudad de Carlos Alberto “Lole” Reutemann.</p><p>Con el paso de los años resaltamos su figura, de quien se iba a convertir en el piloto emblemático que representó a la Argentina en la Fórmula Uno. Pero ese día también hubo otros que escribieron su capítulo en la historia del automovilismo de nuestro país.</p>Osvaldo Bessia "Klear" seguido de quien sería el ganador Juan Carlos Gallo (Foto: Osvaldo Paz)<p>Estuvieron Oscar Cacho Franco, que en 1969 sería uno de los integrantes de la proeza de los Torino en las “84 horas de Nürburgring”, en Alemania, con la reconocida “Misión Argentina”. También Eduardo Copello, que el año siguiente regresaría para la Vuelta de San Pedro, el día que debutaron los Torino en el Turismo Carretera; Carlos Ruesch, que emigró a Europa junto a Reutemann y llegó a competir en la Fórmula 2 del continente, antesala para el trampolín a la Fórmula Uno; Francisco “Paco” Mayorga, campeón de la categoría en los 70; y Nasif Moisés Estéfano, un fenómeno del Turismo Carretera que falleció en plena competencia en Aimogasta, La Rioja, en 1973.</p><p>“Circuito de gran belleza, utilizando los desniveles que producía la existencia de una barranca que da hacia el río Paraná, aunque en esa zona del circuito, ese rincón del río, rodeado de islas, se lo conoce como Laguna de San Pedro”, reza el portal que tributa a “Lole” Reutemann.</p>El NSU SP de Carlos Repetto, llega en 4° lugar en la Categoría "A" (Foto: Chelo Tártara)<p>En la descripción del circuito, consignó que su recorrido era 2.186 metros. “Partía de la zona baja en la costanera que da a la zona de balnearios y en dirección al sur, en el sentido de las manillas del reloj, luego de una zona de curvas y contracurvas veloces, iban a una curva aguda que llevaba a la parte alta de la barranca, subiéndose en un breve trecho más de 30 metros (subida del Club Náutico). Circulando en la parte alta del circuito, se llegaba a la curva del edificio de la Aduana y luego de otra curva de 90 grados se volvía descendiendo hacia la recta del inicio”.</p><p>Aquel 20 de febrero Reutemann se presentó con un Fiat 1500 "Corto", que debutaba a nivel nacional, y tras una dura pelea con Miguel Ángel Galluzzi, arribó en el segundo lugar.</p><p>No obstante, los puntos fueron valiosos para lo que fue el campeonato de ese año, donde finalmente se coronó campeón de la categoría, seguido por Alberto "Larry" Rodríguez Larreta, Oscar Mauricio Franco, Alfonso Marín, Eduardo Rodríguez Canedo, Carlos Pascualini, Roberto Pedelaborde, Eduardo Boyadjián, Miguel Ángel Galluzzi, Humberto Maneglia, Nasif Moisés Estéfano y Francisco Alberto “Paco” Mayorga.</p><p>La clasificación de la carrera desarrollada en nuestra ciudad fue la siguiente:</p><p>Clase A: 1º Juan Carlos Gallo, 2º Mario Litardo "Espartaco" y 3º Osvaldo Bessia "Klear"</p><p>Clase B: 1º Eduardo Copello, 2º Carlos Ruesch y 3º N. F. Gordó.</p><p>Clase C: 1º Héctor Morás, 2º Carlos Ballbé y 3º D. Calcagno.</p><p>Clase D: 1º Miguel Ángel Galluzzi, 2º Carlos Reutemann y 3º Francisco Mayorga.</p><p>Ese mismo año, el 20 de noviembre, se llevó a cabo otra competencia. También estuvo Carlos Reutemann, pero su suerte sería diferente.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/v1H-NtWbmYzRQN4EUNUt4dVudwE=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://opinionsemanariocdn.eleco.com.ar/media/2026/02/anexo_j_20_febrero_1966_carlos_reutemann.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>En los años 60, el automovilismo convirtió al circuito costanero de San Pedro en escenario de jornadas inolvidables. Las carreras del Turismo Mejorado –Anexo J– atraían multitudes. En dos ocasiones compitió Carlos Reutemann, una de ellas el 20 de febrero de 1966. Un capítulo histórico que reunió a grandes figuras del deporte motor en la llamada “La Mónaco de Argentina”.]]>
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                                                <category term="informacion-general" label="Información General" />
                                <updated>2026-02-21T16:15:16+00:00</updated>
                <published>2026-02-21T16:13:27+00:00</published>
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            Refundar San Pedro – Lugares y rostros con historia
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                <published>2026-02-15T18:00:00+00:00</published>
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